ENTRADA 1:
LA CAPERUCITA ROJA
Había una vez una dulce niña que quería mucho a su madre y a su abuela. Les ayudaba en todo lo que podía y como era tan buena el día de su cumpleaños su abuela le regalo una caperuza roja. Como le gustaba tanto e iba con ella a todas partes, pronto todos empezaron a llamarla Caperucita roja.
Un día la abuela de
Caperucita, que vivía en el bosque, enfermó y la madre de Caperucita le pidió
que le llevara una cesta con una torta y un tarro de mantequilla. Caperucita
aceptó encantada.
- Ten mucho cuidado
Caperucita, y no te entretengas en en bosque.
- ¡Sí mamá!
La niña caminaba tranquilamente por el bosque cuando el lobo la vio y se acercó a ella.
En ese momento el cazador que lo había visto entrar en la casa de la abuelita comenzó a preocuparse. Había pasado mucho rato y tratándose de un lobo…¡Dios sabía que podía haber pasado! De modo que entró dentro de la casa. Cuando llegó allí y vio al lobo con la panza hinchada se imaginó lo ocurrido, así que cogió su cuchillo y abrió la tripa del animal para sacar a Caperucita y su abuelita.El lobo mandó a
Caperucita por el camino más largo y llegó antes que ella a casa de la
abuelita. De modo que se hizo pasar por la pequeña y llamó a la puerta. Aunque
lo que no sabía es que un cazador lo había visto llegar.
- Hay que darle un
buen castigo a este lobo, pensó el cazador.
ENTRADA 2:
Un Lobo Amigable y Tres Cerditos Perdidos
"Erase una vez
en lo profundo del bosque, tres pequeños cerditos, agotados y desorientados,
buscaban un lugar seguro para refugiarse." Mientras caminaban uno de
ellos, por descuido, resbaló y cayó en un agujero profundo. Sus hermanos,
desesperados, buscaban alguna señal de auxilio. Cuándo de pronto un ruido en
los arbustos llamó su atención. Uno de los cerditos, se acerco curioso a ver
que era ese ruido y de los arbustos salió un lobo. Los cerditos aterrorizados,
le rogaron al lobo que no los devorara. Sin embargo, para su sorpresa, el lobo,
con una voz calmada, les respondió que era vegetariano. Ya mas tranquilos los
cerditos, al percibir que el lobo era amigable, le pidieron ayuda para sacar a
su hermano del agujero. El lobo, sin dudarlo, busco una cuerda y, con gran
destreza, logró rescatar al cerdito. Una vez a salvo, el lobo los guio fuera
del denso bosque.
Entrada 3:
El Susurro del Río Changuinola
Cuando Elías tenía
diez años, escuchó por primera vez la leyenda del "Susurro del Río",
una historia que los ancianos del barrio El Empalme contaban bajo la luz tenue
de los faroles. Decían que, en las noches de luna llena, el río Changuinola murmuraba
secretos a quienes se atrevían a escuchar con el corazón abierto.
Elías, curioso e intrépido, decidió comprobarlo por sí mismo. Una noche, cuando
la luna brillaba como una linterna gigante en el cielo caribeño, se escapó de
su casa con una linterna vieja y su perro Chocolate. Caminaron entre los
cultivos de banano y los caminos de tierra hasta llegar a la orilla del río.
Se sentó en silencio, escuchando el rumor del agua. Al principio, solo oyó el
canto de los grillos y el croar de las ranas. Pero luego, como si el viento
llevara palabras, creyó escuchar una voz suave que le decía:
—"Protege lo tuyo, pequeño guardián..."
Elías no supo si era su imaginación o el río hablándole de verdad. Pero desde
esa noche, algo cambió. Comenzó a recoger basura del río, a plantar árboles con
su abuela, y a contarles a sus amigos lo que había escuchado. Se convirtió en
un defensor del agua, del monte y del alma de Bocas.
Años después, cuando Changuinola enfrentó una gran sequía, fue Elías —ya adulto
y biólogo— quien ayudó a la comunidad a restaurar los manglares y reforestar
las riberas.
Y todavía, en las noches de luna llena, se le ve sentado junto al río, con
Chocolate ya viejo a su lado, escuchando... por si el río tiene algo nuevo que
decir.


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